La selección mexicana pudo mantener la hegemonía sobre el conjunto estadounidense en el estadio Azteca, y ayer por la tarde lo venció por marcador 2 por 1.El juego sobre el cuál más se habló durante las últimas semanas en los medios mexicanos, fue simple. Bob Bradley técnico de las barras y las estrellas, planteó el partido como cualquier otro, tiró el equipo hacia atrás en la búsqueda de algún destello de Donovan, el cual se presentó muy temprano en el partido. En cambio, Aguirre propuso desde el primer minuto de juego, sabía que para obtener los tres puntos tenía que arriesgar y apretar en cada tramo de terreno pero de forma mesurada.
México tuvo la iniciativa desde el primer pitazo del árbitro, y Guardado fue el primero en intentar abrir el marcador con un disparo desde fuera del área, sin embargo Howard contuvo sin complicación. Los "gringos" no se quedarían atrás, y en el minuto 9, Charlie Davies recibió la excelente habilitación del tan nombrado Landon Donovan para marcar el primer tanto del partido.
El panorama se pintaba de negro, el majestuoso estadio Azteca callaba por unos momentos, todo un país quedaba pasmado ante la desilución de ver que la selección mexicana se ponía en desventaja muy pronto en el encuentro. Cuauhtémoc animaba, Ochoa miraba al piso con la frustación de no haber podido hacer algo para evitar la anotación, la desconcentración y la falta de entendimiento de toda la defensiva mexicana era evidente en los gritos de cada uno de sus integrantes. El daño estaba hecho, Estados Unidos estaba sacando el gol que le permitiría jugar como más saben, a base de contragolpes y centros al área; pero el partido apenas comenzaba y faltaba aún mucho tiempo para que la historia finalizara.
Sin bajar el ánimo y con un poco de más concentración, el conjunto dirigido por Aguirre se posesionó por completo de la pelota, tomó el control en todo el largo y ancho del terreno, era dueño absoluto del partido y sólo era cuestión de tiempo para que el "tri" emparejara el marcador.
Los ojos estaban puestos en los hombres de ataque, "Guille" Franco y "jorobadito" Blanco, quienes tenían la mayor responsabilidad de generar la igualdad en los cartones, sin embargo fue Israel Castro, hombre de garra felina universitaria, quien se convirtió en el artífice de darle a México el tanto de la igualada con espectacular disparo en las afueras del área de Tim Howard.
El Coloso de Santa Úrsula se caía a pedazos, comentaristas fuera de serie gritaban a los mil vientos el tanto del seleccionado mexicano, el aficionado reventaba en júbilo y respiraba tranquilo tras la anotación de Castro al minuto 19 del cotejo. Emotividad y confianza inspiraba el tanto conseguido por un hombre que se ganó el lugar tras su buen desempeño en la Copa de Oro.
La algarabía era total, así como el dominio del equipo azteca, el cual permaneció durante el resto del primer tiempo, en donde, Cuauhtémoc Blanco era el hombre que marcaba los tiempos, era quien dirigía todo ataque y por quien pasaban todos los balones; Giovanni desparramaba rivales en cada oportunidad que conseguía hacerse del esférico, en tanto, Guillermo Franco perdía la pelota cada vez que la tocaba, haciendo evidente la falta de ritmo.
Si bien el equipo azteca intentó hacer el tanto de la diferencia, no creó opciones claras que le permitieran conseguirlo en los minutos restantes del primer lapso.
Para el segundo tiempo, se esperaba la salida de Franco desde el inicio pero el técnico se la siguió jugando con él; en tanto, el trámite del partido siguió siendo el mismo, un México dueño de la bocha y una escuadra norteamericana tirada en el fondo refería a seguir el planteamiento establecido por ambos técnicos en el primer tiempo.
La inoperancia de ambos equipos para generar situaciones claras en el arco contrario era evidente, centros frontales en el área de Estados Unidos facilitaban la tarea para un Onyewu quien se mostró firme todo el encuentro; en cambio pelotazos largos y sin sentido, hacían que Osorio y Magallón pudieran resolver de modo un tanto apretado algunos balones relativamente fáciles, pero que al fin y al cabo no acabaron pesando en el marcador.
Las modificaciones de ambos técnicos llegaron, con ello se dislumbraban las intenciones de cada estratega. Bradley mandó al terreno gente para conservar el resultado y el "Vasco" buscó conseguir el tanto de la diferencia que pudiera darle los tres puntos.
Con la presión constante sobre el arco estadounidense, era lógico pensar que el gol llegaría en cualquier momento, sin embargo, los minutos transcurrían poco a poco y el tanto tan anhelado se le negaba al tricolor. Y fue entonces cuando, un hombre "sin miedo" se hizo presente a diez minutos del final, Miguel Sabah quien ingresó 76', se encontró con un rechaze del balón dentro del área, el cual controló y sin pensarlo dos veces, disparo con demensia hacia el arco; el disparo fue potente y sin mucha colocación pero suficiente para conseguir la diferencia necesaria en el marcador.
Con el gol anotado, el partido se tornó ríspido y sin lucidez, México por fin había conseguido lo necesario para llevarse los tres puntos a casa, y ahora sólo era cosa de esperar el pasar de los minutos para alzarse con el triunfo, la cual llegó tras el pitazo del panameño Roberto Moreno Salazar.
El partido del tan esperado 12 de Agosto había concluido, la selección azteca se alzaba con la victoria, y no sólo del marcador sino también en la cuestión anímica que tanto hacía falta.
El triunfo no cambió la posición del seleccionado en el hexagonal de la CONCACAF pero si lo acercó a tres y un punto respectivamente de sus contendientes, Costa Rica (12 pts), Honduras (10 pts) y Estados Unidos (10 pts).
La siguiente cita será el próximo 5 de Septiembre y ahora México se medirá las caras ante el puntero de la eliminatoria, Costa Rica.